Los días previos al desembarco de José Martí y Máximo Gómez por Playita de Cajobabo, el 11 de abril de 1895, fueron intensos, y ahora motivo de análisis de una Mesa Redonda moderada por la periodista Arleen Rodríguez.
Tomado de Radio Reloj
Fotos Roberto Garaicoa
Los días previos al desembarco de José Martí y Máximo Gómez por Playita de Cajobabo, el 11 de abril de 1895, fueron intensos, y ahora motivo de análisis de una Mesa Redonda moderada por la periodista Arleen Rodríguez.
El doctor Pedro Pablo Rodríguez, vicepresidente de la Academia de Historia de Cuba, expresó que para Martí era un asunto ético su presencia en el escenario de la guerra, a lo que se resistían algunos de sus correligionarios inquietos por la seguridad física del Delegado del Partido Revolucionario.
Valoró la presencia de Cuba en la Cumbre de las Américas que se efectuará en Panamá, como un gesto de solidaridad de las naciones latinoamericanas con nuestro país y de nuestro país con esos pueblos.
El historiador expresó que frente al intento imperialista de recuperar la hegemonía norteamericana perdida, hay que manifestar apoyo decidido a Venezuela.
Arma de pensamiento
El Manifiesto de Montecristi, suscrito por Martí y Gómez en República Dominicana antes de venir a Cuba, es un arma de pensamiento -dijo en la Mesa Redonda el doctor Ibrahím Hidalgo, de la Academia de Historia de Cuba.
El académico desglosó el documento, donde Martí insiste en que la guerra no es un conflicto entre nacionalidades, sino una convocatoria a cubanos y españoles, negros, blancos y mulatos, a luchar contra el colonialismo por una república independiente y democrática.
El doctor Antonio Álvarez Pitaluga, vicedecano de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, explicó que el Manifiesto reconoce las diferencias culturales, políticas y económicas de los insurrectos, y enfrenta al autonomismo.
Señaló que el mérito de Martí radica en haber encontrado un equilibrio entre lo político y lo militar y crear un nuevo concepto de revolución más allá de la guerra.
El doctor Pedro Pablo Rodríguez, vicepresidente de la Academia de Historia de Cuba, expresó que para Martí era un asunto ético su presencia en el escenario de la guerra.
El Manifiesto de Montecristi, suscrito por Martí y Gómez en República Dominicana antes de venir a Cuba, es un arma de pensamiento -dijo en la Mesa Redonda el doctor Ibrahím Hidalgo, de la Academia de Historia de Cuba.
Martí insiste en que la guerra no es un conflicto entre nacionalidades, sino una convocatoria a cubanos y españoles, negros, blancos y mulatos, a luchar contra el colonialismo por una república independiente y democrática.
El doctor Antonio Álvarez Pitaluga, vicedecano de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, explicó que el Manifiesto reconoce las diferencias culturales, políticas y económicas de los insurrectos, y enfrenta al autonomismo.
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