Fui testigo de la apoteosis, primero en la céntrica avenida 23 y más tarde junto al Museo de la Revolución. Allí quedé atrapado entre la multitud, cuando la avalancha de personas impidió que los peloteros pudieran bajarse de la guagua y entrar a la sede de la Asamblea Provincial del Poder Popular, donde se les había preparado un recibimiento.
Al final, el pueblo les rindió homenaje en el parque. Los campeones bailaron reguetón sobre una tarima, junto al popular grupo Gente de Zona, y con miles de voces haciéndoles el coro. Confieso que me conmovió el espectáculo.
La pelota es una especie de religión en esta isla milagrosa, y el play off entre Industriales y Villa Clara lo demostró con creces. Allá en Santa Clara vimos hasta las vidrieras de las «shoppings» llenas de ropa naranja, como si el resto de los colores estuviera vedado.
Muchos aficionados nos dijeron allí que ya no querían saber más nada de pelota, aunque eso es de dientes para afuera. El béisbol es como ese amor que te traiciona y lo entierras, pero terminas volviendo a sus brazos una y otra vez, sin poder evitarlo.
Por eso hay que protegerse y evitar los excesos. En nuestro viaje de regreso escuchamos por la radio villaclareña que Industriales es un equipo con muchos privilegios, entre ellos el favoritismo de la Comisión y la prensa nacional.
Caramba, acepto tal opinión en los cartelitos de las gradas, pero es el colmo escucharla en boca de un colega. Hasta se insinuó una especie de «conspiración» para que Industriales ganara el campeonato. ¿Cuál sería el motivo?
No obstante, si se considera un privilegio de Industriales tener a Metropolitanos como sucursal dentro de la primera categoría, en parte estoy de acuerdo. Eso ya lo hemos criticado muchas veces en nuestra página. Pero ahora no viene al caso, porque toca simplemente reconocer a los campeones.
Además, tampoco contaron los «privilegios» en esta temporada, pues el equipo azul jugó siempre de día en su estadio, que no tiene luces, siendo la catedral del béisbol cubano. El Latino necesita una reparación profunda y ojalá se vista de gala para recibir a finales de año la Serie Nacional número 50.
Pudiera ser ese uno de los tantos estímulos que debe recibir el equipo campeón. ¿Usted no cree?
De momento, la capital está de fiesta y deberían sumarse al éxtasis todos los amantes del béisbol cubano, que fue el gran vencedor. Brindemos por ello.
Por Luis López Viera, Juventud Rebelde
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