Los sismos fuertes sólo causan réplicas locales, afirmaron los investigadores, quienes no encontraron indicios de que propicien otros temblores de consideración a más de 965,5 kilómetros (600 millas) de distancia del epicentro.
Esa conclusión no sorprende a la mayoría de los expertos, dijo el principal autor del estudio, Tom Parsons, del Servicio Geológico de Estados Unidos, con sede en Menlo Park, California.
Sin embargo, Parsons afirmó que su nueva postura difiere de una investigación suya anterior, según la cual había un efecto global de sismos pequeños.
Parsons y Aaron Velasco, de la Universidad de Texas en El Paso, presentaron el estudio el domingo en la edición digital de la publicación Nature Geoscience.
Los investigadores examinaron los registros sísmicos del mundo durante 30 años hasta 2009. En este lapso hubo 205 terremotos, de magnitud siete o más, y 25.222 sismos moderados de magnitud de entre cinco y siete.
Los investigadores examinaron las fechas en las que ocurrieron los movimientos tectónicos en busca de pruebas de que los sismos mayores habían suscitado los sismos menores.
Verificaron demoras hasta por 24 horas, tiempo suficiente para que las ondas sísmicas de los temblores grandes hubieran desaparecido de manera gradual.
Los expertos observaron un aumento en los sismos moderados pero sólo dentro de una distancia de 965,5 kilómetros (600 millas) y casi todos ocurrieron dentro de los 603,5 kilómetros (375 millas) del epicentro.
A distancias mayores a los 965,5 kilómetros (600 millas), el número de sismos moderados después de un movimiento telúrico poderoso no fue mayor a lo normal.
Aunque el estudio no examinó si los terremotos pueden desatar otros sismos potentes a grandes distancias, la información nueva indicaría que no, dijo Parsons.
De cualquier manera, debido a que el mundo registra al año un promedio de casi siete sismos de magnitud siete o más, el efecto de otros sismos mayores habría sido advertido, apuntó.
La conclusión nueva coincide con la idea que por la experiencia tiene la mayoría de los sismólogos, dijo Klaus Jacob, del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia.
“Es satisfactorio ver esa idea confirmada mediante un estudio completo”, dijo Jacob.
Parsons dijo que después del sismo en Japón del 11 de marzo, de magnitud nueve, observó el mapa global de sismos para detectar algún efecto distante, pero no advirtió nada. “Parece que esto coincide con lo que ya hemos visto antes”, expresó Parsons.
(Con información de AP)
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