“Yo no lo podía creer, llamé a mi abogado y a la asociación de veteranos con el fin de buscar ayuda y averiguar qué era lo que sucedía. Me vi obligado a pasar por todo un proceso de documentación, entrevistas y procedimientos inmigratorios para poder probar que yo soy estadounidense por mi servicio en la Marina y así solucionar este horrible problema”, cuenta Leeland.
Pero no fue fácil hacerlo, especialmente porque la odisea legal de este hombre comenzó hace casi un siglo. Corría el año 1920 cuando el pequeño Leeland, de 5 años, se fue de Canadá a Estados Unidos con sus padres. En aquel momento no les hicieron preguntas, ni tuvieron que hacer papeleos, ni complicados documentos migratorios. Se trataba simplemente de otros tiempos.
Unos años después, antes de entrar a la Marina para asegurarse de que de verdad era ciudadano de EE. UU. preguntó al inspector del Departamento de Inmigración Laboral si todo estuviera en orden con sus documentos y el último le informó que no tenía nada porque preocuparse. La Marina estadounidense le aceptó sin fijarse en sus orígenes. Así, durante seis años sirvió a bordo del buque USS Saratoga, primero durante la campaña del Pacífico, y posteriormente en estaciones navales de Brasil y en la costa este norteamericana. El hecho de haber servido en las fuerzas estadounidenses tendría que haberle facilitado el proceso de legalización. Pero la realidad resultó ser otra muy distinta.
Rose Schoolcraft, una de las hijas de Leeland, dice que las noticias sobre el estatus migratorio de su padre la dejaron perpleja, especialmente cuando surgió la amenaza de que pudiera ser deportado del país y le fueran retirados los pagos por el seguro social, fruto de toda una vida de contribuciones al fisco. “Intentamos llenar los formularios, pero ninguno era relevante para este caso, en particular a causa de su edad. Era mi primera experiencia con todo este proceso y no teníamos idea de por dónde empezar; temíamos la deportación”, cuenta Rose.
Las actuales prácticas migratorias difieren enormemente respecto a la ley de hace 80 años. El incremento de la cantidad de peticiones para obtener la ciudadanía estadounidense, especialmente en las últimas décadas, ha ocasionado que el sistema se haya vuelto cada vez mas complejo.
El abogado especialista en inmigración David Sterling considera que Davidson es uno de los pocos que han podido resolver el problema sin demasiadas dificultades. La presión de la opinión pública y la repercusión que tuvo su historia forzaron a las autoridades a acelerar su proceso de legalización, que de otra forma habría durado varios años.
Y aunque ahora puede mostrar el certificado que lo acredita como ciudadano estadounidense, Leeland afirma que nunca necesitó un papel o un sello que dijera lo que él siempre sintió en su corazón: que su vida pertenecía a esa tierra.
(Con información de RT Actualidad)
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