Por Raisa Martín Lobo, del Blog La Guantanamera
Era Antonio Maceo el cubano más conocido en América Latina, en la segunda mitad del siglo XIX, en tanto, Ernesto Che Guevara conquistó a Cuba desde su incorporación como expedicionario del Granma en México a tal punto que hoy su rostro atiborra las plazas en brazos de personas de todas las generaciones de cubanos y latinoamericanos.
Antonio, primogénito de los Maceo Grajales, era buen jinete y diestro en la esgrima del machete de defensa personal; inteligente, disciplinado y atacador. Grandes retos en su vida, breves pero intensas, descollarían por sus hazañas militares. Tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo, como dijera nuestro José Martí. Era de bronce el Titán.
En tanto, fue el Che aquel joven que, padeciendo un asma cruenta, despertaba admiración por su energía indomable y el espíritu Quijotesco que lo acompañó siempre. A los 23 años realiza un largo recorrido por Latinoamérica, se gradúa de médico y, de paso por México, resulta junto a Raúl Castro, uno de los primeros seleccionados por el líder de la Revolución Fidel para integrar la expedición del Granma.
Desde su incorporación a la causa cubana, el Che se distinguió por su lealtad y un valor por momentos temerario. La Sierra, la Invasión, la Batalla de Santa Clara, fueron escenarios de sus hazañas. Ante los ojos de las generaciones de cubanos que no tuvimos la oportunidad de conocer, están las imágenes del Che levantando un muro, del cortador de caña…
Otras imágenes lo enmarcan de manejando una combinada, sin camisa en un trabajo voluntario, jugando ajedrez, modelo del líder que no se separa jamás de la muchedumbre que representa y guía. Conmovía su intachable ejemplo personal, su autoridad moral y su fe inquebrantable en la victoria.
En la vida y el pensamiento de Antonio Maceo y de Ernesto Guevara, encontramos los más sagrados valores por los que luchamos hoy, las más admirables virtudes que son razón y anhelo de nuestra Revolución Socialista. Hoy ambos cabalgan en un Rocinante del futuro.
Maceo y Che, llevan consigo un Sol de voluntades en la frente. Así van los dos que, entretejiendo proezas, parecen uno solo. Comparten su propia imagen y nuestra hermosa bandera de la estrella solitaria, símbolos de las luchas y de la esperanza de los pueblos latinoamericanos.
Y en este peregrinar, ambos marchan veloces porque no precisan del empuje revolucionario para continuar la lucha. Como tampoco demostrar que el 14 de junio representa para todos los cubanos, el nacimiento de dos hombres de épocas diferentes pero amantes de una misma causa: Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de la Serna.
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