El primer ministro chií, Nuri al-Maliki, ordenó la detención del vicepresidente suní iraquí el lunes pasado y pidió al Parlamento que lo despidiera, provocando una polémica que amenaza con una nueva oleada de violencia sectaria justo después de marcharse las últimas tropas de Estados Unidos.
La explosión ocurrió cuando el suicida condujo su vehículo hasta el cordón de seguridad en el exterior del Ministerio del Interior, en el centro de Bagdad, detonando la explosión que dejó muertos y heridos en el piso además de provocar el incendio de vehículos cercanos, dijo la policía.
Una fuente policial dijo que las autoridades creían que los insurgentes atacaron el ministerio por el anuncio de la orden de arresto del vicepresidente suní Tarek al-Hashemi, acusado de liderar escuadrones de la muerte.
Confesiones de sospechosos, que el ministerio dijo que eran guardaespaldas de Hashemi, fueron difundidas en el canal de televisión estatal Iraqiya y otros medios locales el lunes y vincularon al vicepresidente con matanzas y ataques contra funcionarios del Gobierno y de seguridad.
“Este es un mensaje directo para nosotros porque somos los que arrestamos a la red de Tareq al-Hashemi y somos los que debemos preservar la seguridad en el país”, dijo Ali al-Quraishi, un teniente de policía que monitorea los puestos de control alrededor de Bagdad.
El ataque en la calle Bab al-Sharji se produce tras la oleada de explosiones del jueves en las principales zonas chiíes de la capital iraquí que dejaron al menos 72 muertos.
Siete personas, incluyendo a cinco policías, murieron y otras 34, entre ellas siete efectivos, resultaron heridas en el ataque contra el Ministerio del Interior, dijeron fuentes policiaes y del hospital.
El ministerio dijo en un comunicado que un suicida en un coche bomba había atacado la entrada de su oficina central y matado a tres personas y dejado 33 heridos.
Hashemi dejó Bagdad y viajó a la región semi-autónoma del Kurdistán iraquí, donde es improbable que sea entregado a funcionarios del Gobierno central inmediatamente.
La crisis amenaza con echar por tierra un intento para compartir el poder en Irak que divide puestos entre la Alianza Nacional Chií, el bloque Iraqiya respaldado principalmente por suníes y el movimiento político kurdo.
Los suníes de Irak se han sentido marginados desde el ascenso de la mayoría chií tras la invasión de Estados Unidos en el 2003 que derrocó al dictador suní Saddam Hussein, y muchos suníes sienten que el pacto político los ha dejado de lado.
(Con información de Reuters)
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