Medios independientes destacaron el activismo de los integrantes de la “Marcha por la Vida”, llegados a Sanaa el pasado fin de semana desde la sureña ciudad de Taiz para demandar que se juzgue al presidente, Alí Abdulah Saleh, por presuntos crímenes contra sus oponentes civiles.
Durante una conferencia de prensa ofrecida el sábado, el diplomático de Estados Unidos afirmó que la marcha “no fue pacífica” y parecía que iba a “generar caos y provocar una respuesta violenta de la policía”.
Los residentes en Taiz se movilizaron en calles de Sanaa después que un grupo de exdiputados emitió un comunicado instando a Feierstein a dar “una disculpa al pueblo de Taiz, en particular, y al de Yemen, en general” por sus comentarios despectivos.
Fuerzas leales al todavía jefe de Estado abrieron fuego contra la marcha opositora y provocaron la muerte de 13 personas durante los choques en esta capital, luego de arribar la comitiva reivindicativa.
Miembros del Parlamento yemenita condenaron en duros términos las palabras “irresponsables” del jefe de la legación norteamericana que, según opinaron, fueron el principal aliento al régimen para agredir a los pacifistas.
Según reflejaron medios televisivos, tras caminar 322 kilómetros, los protestantes reclamaron la dimisión del vicepresidente, Abdo Rabbo Mansour Hadi, a quien calificaron de “un instrumento” en las manos de Saleh, el mandatario que le cedió sus poderes en noviembre.
Los activistas insistieron en que el presidente y sus aliados sean llevados ante los tribunales por su alegado rol en la matanza de opositores durante el levantamiento popular del 27 de enero.
Por otro lado, oficiales y soldados del Ejército nacional también salieron a las calles de Sanaa para demandar la dimisión del mayor general Alí Hassan Al-Shater, jefe del departamento de guía de la moral en las fuerzas armadas, por su afinidad con Saleh.
Al-Shater es acusado de corrupción, despotismo y mala gestión, además de que actúa como secretario de prensa del presidente, apuntaron uniformados que imputaron al oficial evadir su propia prisión mediante el encarcelamiento de soldados por delitos menores.
“Este es un alzamiento contra la represión y la corrupción”, remarcó el soldado Hashim Al Thari, al denunciar a su jefe por “tomar parte de nuestros salarios cada mes e incluso vender nuestra comida”.
(Con información de Prensa Latina)
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