Según un alto funcionario occidental vinculado con las negociaciones -señaló el rotativo-, el pacto fue sellado por el jefe de los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI), teniente general Shuja Ahmad Pasha, y el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), David Petraeus, en Catar, el mes pasado.
Islamabad había exigido a Washington cesar los ataques de los aviones-robot luego que el pasado 26 de noviembre aeronaves de la OTAN ametrallaran dos puntos de control en la frontera con Afganistán y mataran a 24 de sus defensores.
La propia fuente dijo a The Hindu que el teniente general Pasha también dio el visto bueno para que la CIA amplíe su presencia en la base aérea de Shahbaz, cerca de la ciudad-guarnición de Abbottabad, donde fue ultimado el jefe de Al Aqueda, Osama bin Laden, en mayo del año pasado.
De acuerdo con expertos militares, ese es un centro clave para que las redes de campo de la CIA identifiquen objetivos e implanten a los aviones-robot los microchips electrónicos que los guían a sus blancos.
Pakistán hizo tales concesiones -siempre según el citado funcionario- impulsado por el deseo de tener mayor influencia en las negociaciones en curso entre Estados Unidos y los talibanes en Doha, Catar.
También -agregó- para ganarse el apoyo de Washington en la reprogramación de los pagos al Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales.
Con o sin pactos secretos, lo cierto es que los aviones no tripulados reiniciaron sus incursiones sobre territorio pakistaní en enero último y que a esta fecha ya suman una decena, mientras el número de víctimas mortales pasa de 50 -talibanes según la CIA y, entre ellos, dos importantes jefes.
De acuerdo con la fundación New America, una organización con base en Washington, en el 2011 los ataques de los aparatos teledirigidos sumaron 362, con una cifra de 400 a 500 insurgentes muertos.
Otras organizaciones especializadas en el tema, empero, han documentado un crecido número de “bajas colaterales”, léase civiles inocentes.
El jueves, armas en mano, miles de pobladores de las regiones tribales pakistaníes repudiaron en la noroccidental ciudad de Miranshah los ataques de los drones y exigieron ser indemnizados por las pérdidas causadas por estos.
Convocada por el mayor partido islamista del país, el Jamiat-e-Ulema Islam, la manifestación fue la más reciente entre otras similares en los últimos meses.
Hace 15 días, en una multitudinaria concentración en la ciudad de Karachi, líderes políticos y religiosos agrupados en el Consejo de Defensa de Pakistán exigieron al gobierno desentenderse de la alianza anti-talibán con Washington y formular políticas independientes solo en interés de la nación.
(Con información de Prensa Latina)
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