Hace poco un matrimonio amigo me invitó a su casa a tomar café. Consecuentes con aquello de que la infusión te hace pensar cuando estás solo y conversar si tienes compañía, entre sorbo y sorbo echamos un parrafito sobre nuestros hijos. Primero hablé hasta por los codos de mis chicas. Luego indagué por Robin, el primogénito de mis anfitriones, un joven abogado a quien casi vi nacer. «Está leyendo en el patio —dijeron—. Ve a verlo».
Copia y pega esta URL en tu sitio WordPress para incrustarlo
Copia y pega este código en tu sitio para incrustarlo