Con solo verlos avanzar, aun desde lejos, a la gente se le transforma su semblante pesaroso en uno más alegre, mientras a viva voz exclaman: «¡Llegaron, llegaron, llegaronnnnnn… ¡»
El ánimo se les realza a todos porque, más allá de sentir la falta del agua fría, de la televisión, de la comodidad para cocinar…, lo más fastidioso resulta la noche. Entonces, entre el calor y los mosquitos, no hay quien pegue un ojo.
De ahí que los eléctricos sean como un bálsamo en medio de la calamidad, hasta con aplausos los reciben y colman de atenciones, a pesar de la amarga circunstancia que se vive en los lugares adonde llegan.
El zarpazo del huracán Irma al sistema eléctrico de Villa Clara fue bestial: se afectaron más de 2 000 postes, de estos 540 caídos y 348 partidos; 130,7 kilómetros de líneas primarias y una suma superior a los 200 transformadores dañados, por solo citar los quebrantos de mayor magnitud.
Había trabajo y parecía, a primera vista, que era para un largo rato. Pero, a 16 días del estacazo, la víspera, contaba con el servicio eléctrico el 98, 36 por ciento de los clientes, es decir, más de 300 000, reveló el Puesto de Mando de la Empresa Eléctrica en el territorio.
Para enderezar lo acabado por el huracán Irma se contó con el apoyo de 1 050 trabajadores del sector eléctrico de las provincias de Pinar del Río, La Habana, Mayabeque, Artemisa, Santiago de Cuba, Holguín, Cienfuegos y el municipio especial Isla de la Juventud.
El joven militar Modesto López Ortega acaba de vivir una nueva experiencia, esa de ayudar a restablecer el servicio eléctrico. Admite que han trabajo duro, pero «reconforta ver cómo las personas reconocen nuestro esfuerzo, nos brindan agua, café, lo que tengan a mano.
«Eso nos da más energía todavía para irles arriba, con todo, a los estorbos que impiden el arreglo de las líneas. ¡Qué bien se siente usted cuando tira un vistazo y lo ve todo limpio!», enfatiza.
Isnel Piña Escobar, con sus 22 años, es el liniero más joven del contingente Calixto García, de Holguín. «Aquí estamos en Santa Clara para ayudar a nuestros hermanos villaclareños», subraya.
Es la segunda vez que anda fuera de su terruño en esos trajines, pues estuvo en Baracoa como ayudante tras el paso del huracán Matthew. «Aquí lo que he visto es un verdadero desguace en el tendido eléctrico, pero como ves, lo hemos metido rápido en cintura», argumenta.
Tiene sobrada razón. En casi la totalidad del territorio se hizo la luz y el pedacito que falta, quizá, ahora mismo esté empezando a encenderse, y la gente a sonreír, a vivir de nuevo.
(Tomado de Juventud Rebelde)
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