Además de la basura, el río recibe aguas residuales de los drenajes de la capital y desechos de varios basureros clandestinos, agravando la contaminación, el impacto ambiental y poniendo en riesgo a más de 1.550 familias.
A esta crisis ambiental se suma la explotación minera, que opera sin consulta previa ni control estatal desde finales de 1996. Frente a estas amenazas, el pueblo Poqomán exige el cierre de las empresas mineras, la reparación de los daños y la implementación de leyes para sanear el medio ambiente.
(Tomado de France 24)
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