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¿Cómo «poner alas» a la avicultura, a escala local?

El talón de Aquiles del proyecto está en asegurar un flujo constante de pienso de calidad. Foto: Archivo de Granma

En Granma, las nuevas prerrogativas de la empresa estatal facilitan la colaboración con campesinos que han logrado reinventarse y exploran un camino viable para la producción de huevos. Aunque no logran abastecer

La avicultura cubana atraviesa su momento más complejo. La carencia de piensos, la genética costosa y una logística que no admite fallos han convertido al huevo, antes salvavidas de la cocina, en un privilegio al alcance de pocos. Frente a esta realidad, no existen soluciones mágicas.

En Bayamo, el campesino Humberto Labrada Coronado y la Empresa Cárnica Vallerojo, de Granma, han construido un encadenamiento que intenta demostrar que, con alianzas inteligentes, disciplina y resiliencia, es posible sostener un flujo productivo. Ciencia, divisas, bioseguridad y saberes compartidos se dan la mano en este experimento que, sin ignorar las urgencias del presente, busca erigirse en un modelo sostenible a pequeña escala.

 La crisis que dio paso a la reconversión

La memoria colectiva guarda el recuerdo de cuando el país sostuvo millones de gallinas ponedoras que garantizaban la canasta familiar normada. Hoy, ese escenario se ha invertido. La falta de financiamiento, el encarecimiento de las materias primas y los atrasos en los suministros de pienso han provocado una reducción acelerada de la masa avícola.

El costo real de producir un huevo supera con creces el precio minorista normado, condenando a la empresa avícola a operar en pérdida. Este vacío de oferta estable ha sido llenado por actores privados que manejan altos precios, convirtiendo el huevo en un bien de consumo exclusivo, exponente de las tensiones que atraviesa la producción y de las distorsiones que golpean el bolsillo de las familias.

Frente a este panorama, Humberto Labrada Coronado, campesino con la avicultura como herencia familiar, supo que debía dar un giro. El proyecto iniciado en 2017 por su padre se topó con la escasez de piensos en 2023, obligándolo a sacrificar las reproductoras.

Lejos de rendirse, reconvirtió su proyecto hacia las ponedoras, una apuesta más eficiente que exige menos alimento por cada huevo. Afortunadamente, la finca Bella Aurora, enclavada a unos cinco kilómetros de la cabecera provincial, con sus instalaciones y estrictas medidas de bioseguridad, ya estaba diseñada para ese cambio.

Encadenamiento

La génesis de la alianza actual surgió en Villa Clara. Posteriormente, lo que comenzó como un pequeño experimento en el centro del país encontró en la Empresa Cárnica Vallerojo, de Granma, el terreno fértil para germinar.

La fórmula económica que rige esta cooperación refleja un equilibrio buscado entre el capital y el riesgo. La empresa estatal asume el pienso, el transporte, el combustible y la adquisición de la pollita de genética, lo que representa

aproximadamente el 70 % de la inversión. Labrada Coronado aporta la instalación, el personal técnico y el conocimiento, valorado en un 30 %.

No obstante, Roger Diego Fernández Bodaño, director de la Empresa Cárnica, enfatiza en que desde el propio contrato asegura y pone a disposición el servicio que se necesite de la industria de forma gratuita, porque su interés es «que esto funcione».

Esta alianza capitaliza las fortalezas de cada parte. La industria aporta su capacidad logística internacional para captar divisas, su infraestructura de frío y vapor, transporte, combustible y un colectivo de ingenieros y mecánicos especializados. Labrada

Coronado, por su parte, pone el conocimiento técnico, el manejo minucioso de los animales y la disciplina sanitaria.

«La buena alianza no es aquella en la que gana la empresa o el productor, sino la que es sostenible porque ambos actores se sienten motivados a participar», sintetiza Fernández Bodaño.

Ciencia y sabiduría práctica

Humberto no es un improvisador en materia de avicultura. Se formó en este campo empírica y profesionalmente. Su progenitor, Humberto Labrada Pérez (ya fallecido), estuvo asociado por años a la cooperativa de créditos y servicios Niceto Pérez, de Bayamo, y dedicó gran parte de su vida a consolidar el primer proyecto de ceba de pollos en el sector cooperativo y campesino de Granma.

Con financiamiento tanto nacional como internacional, y tras años de intenso trabajo, padre e hijo lograron transformar la finca Bella Aurora, que anteriormente era un terreno ocioso y lleno de marabú.

Con capacidad para 20 000 animales, se dotó de tecnología necesaria, como cámaras frías, neveras de exhibición, máquinas para asar, plantas de incubación y un matadero. Los pollos llegaron a alcanzar un peso promedio que oscilaba entre 1,7 y 2,13 kilogramos por animal, lo cual les permitía vender a la Empresa Avícola de Granma, en un año, 17 toneladas de carne.

Actualmente, la finca Bella Aurora, cuenta con 8 000 gallinas ponedoras, de las cuales 5 000 están bajo este régimen cooperado con la Empresa Cárnica.

Este es un proyecto que se autosostiene mediante la venta en divisas, necesaria para reaprovisionarse de insumos, y, a su vez, cubre entidades sociales como hospitales, casas de niños sin amparo familiar y hogares maternos.

Acompañan a Humberto, en este saber generacional, especialistas que han echado la vida en la avicultura, como el veterinario Ronaldo Coca Mendoza y Leonel Jorge Mejías, conocedor del pollito de inicio, entre otros.

Este equipo vislumbra las primeras producciones entre los 112 y 129 días; y se espera que a los 175, más del 40 % de los huevos tenga talla comercial.

En el caso de este proyecto cooperado, montado sobre piensos importados para la pollita de inicio, es muy importante asegurar ese flujo, así como la habilitación sanitaria, que exige desde una desinfección rigurosa hasta la calefacción estable en los primeros 12 días de vida del ave.

Ante la inestabilidad del fluido eléctrico, la experiencia campesina se impone: «a veces toca salirse de los manuales y hacer uso de esa sabiduría popular», explica Labrada

Coronado, refiriéndose al empleo de recipientes con carbón encendido dentro de las naves para mantener la temperatura adecuada en esa primera etapa.

La bioseguridad es un pilar innegociable; el acceso a las casetas de crías está restringido al personal especializado, para evitar el estrés y la contaminación de la masa.

El rompecabezas de la alimentación

El talón de Aquiles del proyecto está en asegurar un flujo constante de pienso de calidad, que a juicio de Labrada Coronado lleva más de 12 componentes, entre ellos aminoácidos y soya, que deben ser importados obligatoriamente.

No obstante, este modelo apuesta por la integración con lo local y nacional, que aporta sal, fosfatos y carbonato de calcio de primera calidad, proveniente de la concha de ostión, adquirida por medio de la pesca.

Humberto insiste en que «la avicultura es muy bonita y rentable, pero se hace obligatorio que todo esté montado sobre ruedas». La frase sintetiza la fragilidad del modelo: no basta con tener la materia prima si falla el eslabón del transporte ligado a este, el combustible.

Además, es fundamental garantizar el acceso a medicamentos, principalmente con un enfoque preventivo, así como vacunas y calefacción. Por ello gestionan créditos bancarios, aprovechando las facilidades ofrecidas por el país para instalar paneles solares y asegurar así su autonomía energética.

Enseñanzas a pequeña escala

Este convenio avícola es el primero, pero no será el último. Diego Fernández Bodaño revela que ya han evaluado otro encadenamiento, esta vez para la cría de cerdos bajo el mismo principio: la empresa pone el alimento y el productor la crianza y la infraestructura.

La experiencia de Granma no deja un modelo acabado, sino una enseñanza práctica que demuestra cómo, a pequeña escala, es posible erigir proyectos para la obtención de huevos si se articulan el conocimiento campesino y las facilidades estatales.

No obstante, también revela sus limitaciones: el pienso importado sigue siendo su punto débil, y el combustible y el transporte pueden romper la cadena en cualquier eslabón, mientras que la rentabilidad está condicionada por la estabilidad eléctrica.

En medio de esas luces y sombras, este proyecto cooperado constituye una alternativa valedera para proteger a segmentos específicos de la población en un contexto en el que el huevo se ha convertido en un lujo.

(Tomado de Granma)

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Etiquetas: AvesCubaEconomíaalimentosproducción

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