«Tengo ante mis ojos la Protesta de Baraguá, que es de lo más glorioso de nuestra historia», así habló José Martí de uno de los hechos de mayor trascendencia de la historia patria, protagonizado por Antonio Maceo y que este 15 de marzo cumplió 141 años de haberse producido.
Lo lejano en el tiempo no lo hace ajeno a los días de hoy, pues en cada cubano está presente el espíritu de intransigencia revolucionaria mostrado por el Titán de Bronce en Mangos de Baraguá, cuando se negó a aceptar una paz sin independencia y sin abolición de la esclavitud.
De niños, muchos escenificamos la inolvidable escena de cuando el general Antonio no acepta leer las bases firmadas que le muestra el capitán general español Arsenio Martínez Campos: «Guarde usted ese documento, no queremos saber nada de él».
Y de adultos tampoco olvidamos otra de las célebres frases pronunciadas en la famosa entrevista bajo la frondosa arboleda de mangos, gritada a viva voz por un capitán mambí del regimiento Cambute, al conocer que ochos días después se reanudarían las hostilidades entre cubanos y españoles: «¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!».
Y es que el espíritu de Baraguá vive en cada uno de nosotros y nos hace vibrar al compás del Himno de Bayamo o nos eriza la piel al recordar aquellas palabras memorables de Céspedes, cuando dijo que bastaban 12 hombres para la independencia de Cuba. Expresión repetida años después por Fidel, en circunstancias semejantes, al afirmar que ocho hombres y siete fusiles eran suficientes para ganarle la guerra a la dictadura de Fulgencio Batista.
Mas, a la vera de tan trascendente acontecimiento histórico ha quedado otro no menos importante: la promulgación, ese propio 15 de marzo de 1878, de la Constitución de Baraguá, la segunda de nuestras constituciones mambisas y la más corta en cuanto a su articulado, aunque no por ello menos relevante.
Dicha carta magna, en sus cinco artículos, ratificaba la voluntad de los cubanos de continuar la lucha a muerte contra España, y no aceptar otras condiciones de paz que no fueran las basadas en la independencia de Cuba.
Además, nombraba presidente de la República de Cuba en Armas al mayor general Manuel de Jesús Calvar (Titá); a Vicente García, jefe del Ejército Libertador, y al Héroe de Baraguá, Antonio Maceo, como su segundo jefe al frente del Departamento Militar de Oriente.
Dicha Ley de Leyes le dio visos de legalidad a la famosa Protesta maceica de Baraguá, y en la actual Constitución, aprobada en el referendo popular del pasado 24 de febrero, perviven ambos acontecimientos patrios.
Si hoy tenemos una constitución socialista, inclusiva y de avanzada, se debe en buena medida a que tuvimos un Baraguá y una constituyente de igual nombre, que estuvo a favor de la institucionalidad y la democracia del país.
La protesta del general Antonio salvó la honra pisoteada en el Zanjón, y la Constitución aprobada a su abrigo fue la legitimación de la voluntad de un país de ser libre y tener desde la manigua insurrecta sus propias leyes.
De ahí vienen nuestras raíces: somos hombres y mujeres de Baraguá, y a esa historia de heroísmo no renunciaremos jamás.
(Con información de Vanguardia)
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