Los indignados
Nunca a lo largo de la historia los imperios decadentes han tenido la capacidad de maniobrar para mantener sus estructuras de dominación con la fortaleza de ahora mismo. el inmenso poder bélico y de propaganda que el orden capitalista ha sido capaz de acuñar al paso de las décadas (pagado, eso sí, por todos los ciudadanos y preceptivo, por supuesto, de ser usado siempre contra ellos) es tal que cualquier atisbo de mella en sus estructuras por causa de desgastes exógenos no es más que un espejismo, ilusión ésta la mayor parte de las veces acuñada y fomentada por los propios gabinetes de influencia de las corporaciones imperiales. resulta pues impensable que los actores que detentan el poder global, que cuentan con los servicios de los ejércitos profesionales y con el apoyo tácito y recurrente de los grandes medios de persuasión para reducir cualquier tipo de disidencia, se encuentren en un momento de inflexión y que el viejo orden se tambaleé peligrosamente.